Escena de El burlador de Sevilla (1630), de Tirso de Molina (Gabriel Téllez) (ver un resumen de la obra)
En la escena de esta obra de teatro, el personaje de don Juan--mujeriego y hedonista sin escrúpulos--se burla de los consejos del padre, símbolo del orden social tradicional basado en las instituciones de la monarquía y de la Iglesia. Es importante tener en cuenta que la obra se creía en su momento representar veladamente al rey Felipe IV, padre de 30 hijos bastardos, de los cuales sólo reconoció a uno, su hijo Juan.
Personajes:
Don Diego (padre de don Juan)
Catilinón (criado de don Juan)
Don Juan (el burlador de Sevilla)
DIEGO: ¡Don Juan!
CATALINON: Tu padre te llama.
JUAN: ¿Qué manda vueseñoría?
DIEGO: Verte más cuerdo quería,
más bueno, y con mejor fama.
¿Es posible que procuras
todas las horas mi muerte?
JUAN: ¿Por qué vienes de esa suerte?
DIEGO: Por tu trato, y tus locuras.
Al fin el rey me ha mandado
que te eche de la ciudad,
porque está de una maldad
con justa causa indignado.
Que aunque me lo has encubierto,
ya en Sevilla el rey lo sabe,
cuyo delito es tan grave,
que a decírtelo no acierto.
¿En el palacio real
traición, y con un amigo?
Traidor, Dios te dé el castigo
que pide delito igual.
Mira que aunque al parecer
Dios te consiente, y aguarda,
tu castigo no se tarda,
y que castigo ha de haber
para los que profanáis
su nombre, y que es juez fuerte
Dios en la muerte.
JUAN: ¿En la muerte?
¿Tan largo me lo fiáis?
De aquí allá hay larga jornada.
DIEGO: Breve te ha de parecer.
JUAN: Y la que tengo de hacer,
pues a su alteza le agrada,
agora, ¿es larga también?
DIEGO: Hasta que el injusto agravio
satisfaga el duque Octavio,
y apaciguados estén
en Nápoles de Isabela
los sucesos que has causado,
en Lebrija retirado,
por tu traición y cautela,
quiere el rey que estés agora,
pena a tu maldad ligera.
Pues no te venzo y castigo
con cuanto hago y cuanto digo,
a Dios tu castigo dejo.